Ciudad de México.— Aunque las circunstancias han cambiado en los últimos años, el trabajo de las empleadas domésticas está aún lejos de la plenitud de dignidad y visibilidad.
En México, más de 2.5 millones de personas realizan trabajo doméstico remunerado, según el INEGI. La mayoría son mujeres y una parte significativa labora sin acceso a seguridad social.
Una de ellas es Irma Ramírez, quien con más de 50 años en el empleo doméstico, hace un balance de su vida laboral en entrevista con Siete24.mx.
Irma inició a los 13 años en una casa en Taxqueña, cuando su familia no pudo costear su educación. Describió tareas de limpieza, cuidado de menores y jornadas definidas por las necesidades de sus empleadores.
“He pasado mi vida de trabajo en trabajo”, explicó. Con primaria concluida, encontró en este oficio una vía para sostener a su familia y contribuir al ingreso del hogar.
A los 63 años, continúa activa. Relató que su empleo actual le permitió estabilidad durante dos décadas, con horarios que facilitan su convivencia familiar.
Sin embargo, también reconoció que la mayoría de las condiciones laborales dependen de la voluntad de los empleadores. “Si pides algo, te lo dan, pero no siempre nace de ellos”, dijo.
Prestaciones, informalidad y acceso limitado a seguridad social de empleadas domésticas
El trabajo doméstico en México ha transitado por cambios normativos en los últimos años. En 2019, el IMSS implementó un programa piloto para incorporar a trabajadoras del hogar al régimen obligatorio.
Este esquema busca garantizar acceso a servicios médicos, ahorro para el retiro y otras prestaciones laborales.
No obstante, la cobertura sigue siendo limitada. Datos del propio IMSS indican que la afiliación creció, pero aún representa una proporción reducida frente al universo total de personas ocupadas en este sector.
Organizaciones como Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar han señalado que la informalidad persiste como una de las principales barreras para el acceso a derechos laborales.
Irma confirmó esta realidad. Aunque recibe aguinaldo y vacaciones, nunca fue afiliada al seguro social por sus empleadores.
“Ellos nunca dijeron que me iban a asegurar”, relató. También explicó que solicitar prestaciones puede resultar incómodo, debido a la relación desigual que existe en muchos hogares.
El INEGI documentó que una proporción significativa de trabajadoras del hogar carece de contrato formal. Esta situación impacta directamente en su acceso a servicios de salud, estabilidad laboral y pensiones.
Diversas organizaciones civiles como las antes mencionadas, han insistido en la necesidad de fortalecer la inspección laboral y promover la formalización.
La dignidad del trabajo: entre orgullo y desigualdad
Irma describió su oficio como una actividad que le brinda satisfacción personal. “Me gusta barrer, trapear y limpiar”, dijo. Explicó que el gusto por su trabajo ha sido clave para mantenerse durante años en el mismo ámbito laboral.
También destacó que su ingreso le permitió sostener a su familia y cubrir necesidades básicas.
A pesar de ello, reconoció que el reconocimiento social no siempre acompaña a este trabajo. Señaló que la relación con empleadores puede implicar negociaciones constantes para acceder a días de descanso o permisos. “No siempre es justo, pero uno aprende a sobrellevar”, comentó.
Organizaciones como Oxfam México han documentado que el trabajo doméstico remunerado suele ser subvalorado, a pesar de su contribución a la economía.
Este tipo de empleo permite que otros sectores productivos funcionen, al liberar tiempo de cuidado en los hogares.
La escuela y el orgullo: una anécdota que cambió la mirada
Irma recordó un momento que marcó su percepción sobre su oficio. Durante años evitó decir a qué se dedicaba, incluso en la escuela de sus hijos.
“Me avergonzaba”, confesó. La situación cambió cuando una maestra le dijo que debía sentirse orgullosa por apoyar a su familia.
Ese episodio transformó su visión. Desde entonces, asumió su trabajo como una fuente de dignidad. “Mi trabajo le dio estudio a mis hijos y una casa a mi familia”, explicó.
El Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar ha promovido la profesionalización y el respeto hacia quienes realizan estas labores.
Irma finalizó con un llamado dirigido a empleadores: pidió trato justo y reconocimiento. “Las empleadas domésticas entregamos nuestra vida a este trabajo”, concluyó emocionada.

